Lo imprescindible para avanzar: aceptarse - Alicia Diago | Coach Personal especialista en Burnout Parental y Mindfulness
alicia-diago-coach-dia-mundial-sonrisa-octubre-coaching-autoconocimiento-desarrollo-personal-happiness-smile-blog
Sé la razón por la que alguien sonría hoy
octubre 1, 2019

Lo imprescindible para avanzar: aceptarse

alicia-diago-coach-curso-felizmente-madres-padres-blog-aceptacion
Aceptar o no aceptar, esa es la cuestión.

Aceptar no es rendirse, ni ser sumis@, ni tampoco sinónimo de fracaso. Aceptar es abrazar a esa situación que te hace experimentar cierta emoción desagradable y te hace sentir rabia o miedo, ser consciente de lo que está provocando ésta en ti, y estar dispuest@ a asumir las consecuencias de cualquier acción que quieras emprender para poder salir de esa situación incómoda que no te deja continuar con el ritmo normal de tu vida.

Aceptar una emoción agradable como por ejemplo la alegría nos es relativamente fácil a la mayoría de las personas (a no ser que nos encontremos en un estado depresivo). Es más, cuando nos ocurre algo que nos hace felices todos desearíamos que ese momento nunca terminase, ¿verdad? Nos guardamos esa sensación en la memoria para poder recordarla en momentos tristes, si cabe, porque sabemos que dure un minuto o un día entero, en algún momento nos sentiremos diferentes. Y lo asumimos. Aceptamos que "lo bueno, si breve, dos veces bueno", sin saber que este famoso dicho de Baltasar Gracián continúa de la siguiente forma: "y aun lo malo, si poco, no tan malo."

Bien, tenemos claro que ninguna emoción perdura eternamente, sin embargo, cuando nos enfrentamos a una emoción que no es la alegría, la sensación de tristeza, rabia o miedo, nos parece eterna. Tendemos a querer pasar por encima y rápido de esa sensación, queremos evitarla. Lo que no sabemos (porque no nos lo han enseñado nunca) es que evitarla nos dificulta aún más el camino hacia la felicidad de nuevo. Además, es que nuestro cuerpo experimenta cambios de humor (por tanto, de emoción) constantemente sin que muchas veces podamos controlarlo. De la misma forma que pasamos de estar alegres a estar tristes, podemos pasar de estar tristes a estar alegres en un santiamén. Un ejemplo muy claro son los niños. Los niños son puros, a su tan corta edad dejan que su cuerpo sienta en cada momento lo que les ocurre y lo expresan sin tapujos, de modo que son capaces de romperse a llorar a pleno pulmón y al segundo echarse a reír a carcajada limpia... ¡Y NO PASA NADA! Pero... ¿Por qué les ocurre esto? Muy simple: no están condicionados por factores externos como puede ser la cultura y la sociedad en la que viven. Son libres, a diferencia de los adultos que, con el tiempo, vamos recibiendo más y más estímulos externos que acabarán condicionando nuestros comportamientos. Estímulos que hacen que controlemos nuestros instintos, que no nos permitamos sentir ni aceptar cómo nos sentimos.

Los adultos, cuando decidimos aceptar una situación y/o aceptarnos a nosotr@s mism@s, decidimos dejar de lado ese miedo que nos suele impedir pasar a la acción y realizar los cambios que creemos y sabemos que son necesarios para mejorar nuestras vidas y las de los que nos rodean.

Recuerda: cualquier cambio pasa primero por la aceptación.
Si te ha gustado, ¡compártelo! 😉

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

//]]>