¿Qué es la libertad? - Alicia Diago | Coach Personal especialista en Estrés Maternal y Mindfulness
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¿Qué es la libertad?

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Antes de empezar, es importante no confundir la libertad con el libertinaje. Esta simple aclaración podrá parecer una tontería para algunos (y si ese es tu caso, quiero decirte que me alegro, ya que esto significa que ya estás seguramente en el camino hacia tu libertad). Sin embargo, no todo el mundo tiene el mismo recorrido en la vida ni ha experimentado las mismas cosas…incluso, quizás haya alguna persona que no sepa el significado real de una y otra palabra. Por esta razón, me parece esencial empezar este artículo haciendo hincapié en esta cuestión.

El libertinaje no es más que hacer un mal uso de la libertad. Es hacer lo que quieres más allá del respeto hacia los que te rodean. ¿Nunca habéis oído lo de “Tu libertad termina donde empieza la mía”? Esta frase viene a decirnos que cada vez que gozamos de nuestra libertad (don que se nos concede a todos al nacer, por cierto) a costa de la libertad de otra persona, le estamos quitando el derecho de libertad al otro. Nunca deberíamos entender la libertad como una falta de respeto hacia el otro, ya que en el momento que pretendemos justificar el no seguimiento de las leyes y la pérdida de unos principios éticos, estamos privando a nuestros vecinos de poder ser libres en cualquiera de sus formas.

Lamentablemente, conseguir ser libre es difícil y siempre lo ha sido, aunque no es imposible. De hecho, el ser humano ha sido, es y seguirá siendo un esclavo de la sociedad si así lo permite. Veamos un par de ejemplos:

Hoy en día vemos como el ser humano está dividido en tantos grupos que algunos llaman niveles sociales, dos palabras que evidencian la relación que tiene el mundo con el dinero y con el intelecto; el que tiene mucho dinero depende del mismo dinero, de los bancos y de sus negocios. En cambio, el que tiene menos dinero, depende de quien más tiene, también con sus negocios, y con la preocupación constante de llegar a ser como el que más tiene. Aquél que tiene menos que éste otro, depende del trabajo que éste le da y de las creencias que éste le impone.

En la política sucede lo mismo: el Presidente depende del Congreso, del Senado, de los Tratados Internacionales. No puede hacer lo que quiere ni lo que piensa. Asimismo, el Ministro depende de las órdenes del Presidente y de los compromisos adquiridos y sus falsas promesas. Y así, sucesivamente.

Entonces… ¿podrías decirme quién de estas personas puede decir: “Voy a hacer lo que quiero” sin que se lo impidan sus compromisos, sus códigos, sus jefes”? Son esclavos creyéndose libres, creyéndose ser la mandamás en búsqueda constante de víctimas a quien demostrarles su fuerza, su poder y su autoridad.

Tanto es así que vivimos en una sociedad donde muchas veces se nos priva de libertad de expresión, y no me refiero sólo a expresar nuestra opinión en cuanto a temas sociales o políticos, sino a la libertad de poder expresar nuestras emociones, pensamientos y a la libertad de amar y de soñar. Sin ir más allá, es raro el caso en qué en una familia no se haya escuchado alguna vez la típica frase de “de eso no se habla”, ¿verdad? Y cuando eso sucede, es decir, cuando hay alguien (quien sea) que no nos permite manifestarnos ni hablar de ciertos temas por ser considerados tabú o por lo que vayan a pensar los demás, esa persona está invadiendo nuestra libertad. Y no deberíamos permitir que eso pase. Recordemos que la libertad va de la mano de la sinceridad y la honestidad, y por lo tanto, cuando no somos sinceros con las personas que nos rodean, también les estamos privando a ellas de la libertad de saber la verdad.

¿Quiere decir todo esto que todos somos esclavos de algo, de alguien? Definitivamente, de nuestro ego. ¿Y lo seremos siempre? No necesariamente, no si no se lo permitimos. La realidad es que desde que nacemos, a través de la historia, venimos heredando como sociedad la misma ignorancia, los mismos dogmas y fanatismo. Con el tiempo, nos convertimos en demasiado conservadores de tradiciones, y nos aferramos a ellas ante casi cualquier adversidad para sentirnos más seguros (o menos libres) y vamos siendo un poco más egoístas con el mundo.

Hay varias formas de salirse de la represión en la que vivimos, pero al final, todas acaban culminando en un mismo lugar: la escucha interior.

Escuchémonos, tomemos consciencia de nosotros mismos, de nuestros pros y nuestros contras y aceptemonos tal y como somos. No busquemos en el exterior ni en otras personas eso que está en nosotros, porque todos tenemos el poder de despertar nuestra consciencia y encontrar el camino hacia la felicidad, hacia LA LIBERTAD

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